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Colombia es el cuarto productor de aceite de palma en el mundo. Y en los últimos años, el sector ha enfrentado desafíos como fenómenos climáticos y mayor competencia. La consolidación de este negocio dependerá, entre otros, de aumentar la producción.

 

La palma africana llego a Colombia a mediados de los años cincuenta y se convirtió en el cultivo del futuro. Su vida fructífera de 20 años su alta productividad –es una de las plantas más fértiles por unidad de tierra- y el uso cada vez más común de sus aceites y grasas en productos de la vida cotidiana y de la industria, llevaron a que se consolidara afínales del siglo XX en el país.

 

Hoy Colombia es el cuarto productor de aceite de palma en el mundo y el primero en América. Tiene 466.185 hectáreas de palma sembradas (377.600 de ellas en fase productiva), las exportaciones alcanzan cifras record y la producción crece a pesar de algunas dificultades que enfrenta el sector. En 2015, por ejemplo, en el país logro producir 1.272.522 toneladas de aceite, 14.7 por ciento más que el 2014. Una cifra que, según los expertos llegara pronto a los 2 millones, pues las palmas ya están sembradas y solo hace falta esperar que produzcan.

 

Esta actividad, además, es responsable del 6 por ciento del PIB agropecuario y genera cerca de 110.000 empleos directos y una cifra similar de indirectos. Actualmente se siembra en 122 municipios del país, que el gremio de los palmeros (FEDEPALMA) agrupa en cuatro zonas. Los departamentos de Meta y Casanare, que conforman la zona oriental, son los que más hectáreas tienen sembradas, los que más aceite de palma producen y los que jalonan el crecimiento de la producción a nivel nacional (juntos agrupan en 41 por ciento del aceite producido en 2015). Le sigue la zona norte, conformada por la costa Atlántica, que sufrió los embates de la sequía producida por el fenómeno de El Niño, y el centro del país.

 

Para Jens Mesa Dishington, residente ejecutivo de Fedepalma, el objetivo de los palmeros a futuro debe ser “enfrentar adecuadamente los desafíos, para que las oportunidades de la agroindustria palmera colombiana lleguen a ser una realidad”. Y es que, según él, al sector aun le hace falta incrementar su productividad por la planta, pues el rendimiento promedio en  Colombia es de 16 toneladas de fruto por palma, mientras que en países como Indonesia o Malasia llega 19.

 

También es necesario volver a impulsar la siembra de palma, pues esta se ha estancado en los últimos años. Una de las razones principales es que muchas de las inversiones se hicieron hace una década por la promesa del gobierno de aumentar la mezcla de etanol y biodiesel que se produce con aceite de palma en el ACPM. Pero esa decisión se reservó y dejo en el limbo a muchos agricultores que le habían apostado al sector y que tenían altas expectativas.

 

A eso se suman otras dificultades que el gremio palmicultor ha enfrentado en los últimos años. La principal es la pudrición del cogollo, una plaga que se esparció luego de la ola invernal que azoto al país durante 2011 y afectó a cerca de 100.000 hectáreas, sobre todo zonas como Puerto Wilches (Santander), Cantagallo (Bolivar) y Tumaco (Nariño). En total se calcula que les produjo pérdidas cercanas a 1 billón de pesos a cultivadores grandes, medianos y pequeños en todo el país.

 

Por otro lado, los precios internacionales del aceite de palma cayeron durante 2015 cerca de 20 por ciento debido a la caída del valor de los commodities enel mercado mundial. Solo el aumento del valor del dólar compenso los efectos que hubiera podido ocasionar ese descalabro, que este año se ha recuperado poco a poco.

 

De hecho, en 2015 Colombia exportó 419.800 toneladas de aceite de palma, 53 por ciento más que en 2014. Esta es una cifra record que, sin embargo, sigue siendo insuficiente para el potencial del país. Sobre todo si se tiene en cuenta que para FEDEPALMA, el futuro del sector está en el mercado externo, pues el consumo interno y las ventas locales de aceite de palma han disminuido. Hasta el momento, los países que más aceite reciben son la Unión Europea, México y España.

 

En ese mismo sentido, los palmicultores deben prepararse para enfrentar cada vez más competencia externa, pues este año empezó a regir la decisión de reducir a 0 por ciento el arancel a las importaciones de aceites vegetales. Los empresarios calculan que eso les costará cerca de 220.000 millones de pesos.

 

Por último, las sequias que produjo el fenómeno de El Niño a comienzos de este año y que afectaron a la zona norte y al centro del país se sintieron con fuerza durante el primer trimestre del año en el sector. Algunos agricultores perdieron el 40 por ciento de su producción y a nivel nacional este bajo 4 por ciento con respecto al mismo periodo del año anterior.

 

Los palmeros esperan contrarrestar todos esos desafíos con mayor innovación -actualmente CENIPALMA realiza pruebas experimentales e investigaciones para mejorar las prácticas de los agricultores- y con inversiones para adecuar mejor los suelos, la infraestructura de riego y el drenaje. El camino no es otro que ser más competitivos y aprovechar que la producción aumenta cada año para exportar y ser cada vez más fuertes en el mercado internacional.

 

Revista SEMANA. SEMBRANDO FUTURO.

VII 2016

 

 

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