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En el país hay solo dos investigadores por cada 100.000 habitantes en áreas del conocimiento afines al sector agropecuario.

 

 

Cuando la roya llegó a los cultivos de café colombianos en septiembre de 1983, el Centro Nacional de Investigaciones del Café (CENICAFÉ) ya había presentado un año antes una planta que era más resistente a esta enfermedad. Se trataba de la variedad Colombia, un cruce entre la caturra y el híbrido de Timor, en la que el centro llevaba 15 años trabajando. La misma que se convertiría en símbolo de la caficultura del país y en un importante logro de la investigación y de la innovación en el sector agropecuario.

 

Este resultado era el reflejo de una época en la que el desarrollo científico para el campo estaba en ebullición. De acuerdo con Juan Lucas Restrepo, director ejecutivo de la Corporación Colombiana de investigación Agropecuaria (Corpoica), a la iniciativa de CENICAFÉ,  -creado en 1938- se le unieron en los años sesenta y setenta importantes inversiones internacionales del Banco Mundial y de fundaciones como la Ford, Rockefeller y Kellogg, para mejorar el conocimiento y la tecnología en el sector.

 

Una muestra de ese buen camino es el establecimiento, en 1967, gracias al apoyo del gobierno nacional y de esas fundaciones, de la sede principal del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), una institución dedicada a la investigación para aumentar la ecoeficiencia en la agricultura con el fin de combatir la pobreza y mejorar la nutrición humana en los trópicos.

 

Siguiendo el ejemplo de los cafeteros, diferentes gremios agrícolas también invirtieron en investigaciones para mejorar su productividad y competitividad. Aparecieron nuevos CENIs, Centros Nacionales de Investigación, creados por el sector privado, como el de los productores agroforestales (1974), el de la caña de azúcar (1977), el de banano (1985), el de la palma de aceite (1991), el de acuicultura (1993), el de flores y follaje (2004) y el de cereales y leguminosas (2012), solo por nombrar los que desde 2003 se encuentran agrupados en la  Corporación Red de Centros de Investigación y Desarrollo Tecnológico del Sector Agropecuario (CENIRED).

 

LA INVESTIGACIÓN HOY

 

Pero la buena racha duró poco. “Desafortunadamente desde la década de los ochenta empezó a decaer la inversión en el tema de ciencia y tecnología”, afirma el director de Corpoica. Y añade que eso afectó a los indicadores de productividad agropecuaria dejándolos prácticamente estancados, lo que le costó mucho a la competitividad del país.

 

Rubén Echeverría, director general  del CIAT en Colombia, piensa que a pesar de ese retraso hoy el panorama es alentador: “Colombia ha mostrado en los últimos años una tendencia positiva, al contratar más investigadores e invirtiendo más”.

De acuerdo con Colciencias, actualmente hay en el país 14 centros de investigación reconocidos por la entidad, en áreas del conocimiento relacionadas con el sector agropecuario la agroindustria. Y 214 grupos de investigación que tienen 905 científicos.

 

En lo que respecta a Corpoica, su planta de investigadores pasó de 64 profesionales con doctorado, en 2010, a 124 actualmente, además de 194 másteres y 46 profesionales de investigación. Esto ha sido posible gracias a un aumento en los recursos destinados por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, que en 2010 eran de 47.000 millones de pesos y que hoy ascienden a 190.000 millones de pesos.

 

A su vez, los ocho CENIs vinculados a CENIRED tiene 58 doctores, 116 másteres y 397 especialistas técnicos. Estos centros demandan para su sostenimiento básico un presupuesto anual cercano a los 360 mil millones de pesos, provenientes de fondos parafiscales y de recursos aportados por los gremios respectivos.

 

AÚN FALTA

 

Pero la tasa de investigadores en áreas del conocimiento afines al sector aún es baja. En el país hay dos investigadores en materias agropecuarias por cada 100.000 habitantes de acuerdo con los indicadores del Observatorio del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología Agroindustrial, mientras que la tasa nacional en todas las áreas del conocimiento en 2013 se ubicó en 22,9 investigadores por cada 100.000 habitantes.

 

Los representantes del sector coinciden en que todavía hay mucho por hacer para ponerse al día. Para Iván Gutiérrez, director ejecutivo de CENIRED, hoy la investigación pública está enfocada en el beneficio de productos propios del trópico con escasa demanda en el exterior.

 

Y explica: “Esto no ha permitido la debida atención sobre las necesidades de investigación y desarrollo tecnológico de cultivos que constituyen la columna vertebral de la economía agrícola del país”. Según él, los CENIs han tenido que atender esta falencia con sus propios recursos.

 

Para Juan Lucas Restrepo hay que entender que el país es heterogéneo y, si bien la corporación trabaja en el desarrollo de las cadenas de talla mundial, se deben atender a los pequeños productores: “Tenemos que acompañar también las necesidades de cadenas de valor que tienen una oportunidad a mediano plazo o atienden poblaciones vulnerables, donde la solución de la pobreza pasa por la mejora de las condiciones de producción de estos territorios”, concluye.

 

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