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La reforma a las regalías, hace más de 5 años, creó una bolsa para financiar la ciencia, la tecnología y la innovación. Con esa plata, el presidente Juan Manuel Santos dijo que ese sector -en ese entonces una de las cinco locomotoras- iba a “jalonar” el país. La Silla Vacía revisó los 271 proyectos que, hasta el 15 de febrero, se habían financiado con 2,2 billones de pesos. Y encontró que prácticamente nada se ha destinado a la ciencia.

Por ejemplo, mientras que uno de cada cinco pesos (más de 400 mil millones) se fue a sensibilizar niños de colegio sobre la ciencia y la tecnología, solo uno de cada diez (poco más de 200 mil millones) se fueron a crear conocimiento nuevo, ya sea científico, tecnológico o en innovación. Y de esa plata casi nada, apenas 13 mil millones, se fue a hacer ciencia.

Esas cifras explican por qué las metas de ese fondo de regalías no se han cumplido.

Cuando se lanzó esa reforma, el objetivo era doblar el porcentaje del PIB dedicado a investigación y desarrollo, que es la medida internacional más fuerte para el sector. La idea era pasar del 0.2 por ciento en 2011 al 0.4 en 2014, el nivel de gasto que tenían entonces de Argentina y México, superar a Chile y estar menos lejos de Brasil.

Pero según las cifras del Observatorio de Ciencia y Tecnología, que hace dos semanas publicó su informe anual, el país sigue lejos de la meta: en 2013 llegamos a un récord de 0,27 por ciento, pero desde entonces el índice ha caído y en 2015 cerró en 0,24.

Eso quiere decir que a pesar de la gran inyección de las regalías, la meta fundamental para medir su impacto ha mejorado poco y va en retroceso. Mientras tanto, México aumentó esa cifra a 0,54 y Chile lo tiene en 0,38.

Otra meta del Plan de Desarrollo de 2010 a 2014 era aumentar una medida similar pero más amplia, la de actividades de ciencia, tecnología e innovación, de 0,501 por ciento en 2010 a 0,7 en 2014. Ese año llegó a 0,638 pero para 2015 había retrocedido a 0,627. Es decir, pasó algo similar a la inversión en investigación y desarrollo.

Eso se debe, en parte, a que hay menos plata de la proyectada como efecto de la caída de los precios del petróleo: para los años 2015 y 2016 se esperaba que el Fondo de ciencia y tecnología tuviera 1,6 billones de pesos y ahora se cree que a duras penas pasará de 1,1 billones.

Y eso es particularmente grave porque la plata de regalías es mucho mayor que la de Colciencias, que entre 2015 y 2016 tuvo para invertir menos de 600 mil millones, un tercio de lo que se esperaba que tuvieran las regalías estos dos años y la mitad de lo que aparentemente tendrán. Además, las regalías deberían financiar buena parte de la investigación posdoctoral -que es parte importante de la que hacen los investigadores que ya tienen PhD-, pues la mayor parte de la inversión de Colciencias (364 mil millones) se fue en financiar maestrías y doctorados, por lo que tenía muy poca plata para financiar la investigación posterior.

En todo caso, el problema no solo es de falta de plata, sino de en qué se han invertido los más de dos billones de besos que ha destinado el fondo de regalías.

Lo que se ha decidido

Tras revisar la información oficial de Planeación Nacional sobre todos los proyectos aprobados en estos cinco años, encontramos que están orientados más a la producción en el corto plazo (con muchos proyectos que difícilmente se adecúan a la guía de Planeación Nacional y Colciencias) que a la investigación en el largo plazo (que son los del pedazo llamado "para saber"). Los posgrados ("para formar) y lo gastado en la educación de niños ("para sensibilizar") también se llevan tajadas importantes.

Además, el agro se lleva un pedazo muy grande de la torta y las ciencias básicas uno minúsculo.

Así se ve en este cuadro en el que se distribuyen los montos entregados en cinco categorías sobre su principal finalidad, que explicamos en el mismo cuadro (haga clic en cualquier barra o pedazo de la torta para conocer más):

La principal conclusión es que casi no se han aprobado proyectos dedicados a la ciencia, muy pocos a la tecnología y algo más a la innovación. La mayor parte de la plata se ha ido a mejorar la productividad, sobre todo en el agro, y a fomentar la educación en ciencias entre niños - objetivos que no son los centrales en un sistema de ciencia, tecnología e innovación.

En el caso de la educación, buena parte de ese dinero se fue al programa Ondas, que creó Colciencias en 2001 y es una de sus grandes apuestasInicialmente funcionaba con plata de la Nación, pero ahora usa recursos de regalías, y es enorme: entre 2002 y 2012 apoyó a 2,5 millones de niños a medida que se extendió a todo el país. Y también es exitoso, por lo menos en números: según el informe de gestión de 2015 de Colciencias, superó su meta de apoyar a 300 mil niños y jóvenes, mientras que solo apoyó a 783 jóvenes investigadores e innovadores de su meta de mil, a 40 estudiantes de pregrado en el programa Nexo Global, y a 1.251 empresas a través de diferentes proyectos.

Eso se debe, en buena medida, a que el sistema para escoger a qué se va esa plata es enredado y con un alto componente político.

El esquema

Como contó la Silla en su momento, la intención inicial del Gobierno era darle toda la plata de regalías de ciencia y tecnología a Colciencias para tener un gran fondo que definiera megaproyectos en todo el país. Pero eso le valió críticas de centralismo en el Congreso y al final éste estableció que los proyectos tienen que ser regionales y fruto de un acuerdo entre los gobernadores y la Nación.

Esa regionalización es un arma de doble filo: aunque puede ayudar a “descachaquizar” la ciencia, también significa que departamentos con muy pocos científicos iban a tener acceso más o menos directo al dinero.

 

Con la ley y los decretos que reglamentaron la reforma, ese esquema semi regionalizado se aterrizó en el llamado Ocad (órgano colegiado de administración y decisión) de ciencia y tecnología, que es el que decide qué proyectos reciben plata de regalías.

En él hay delegados del Gobierno, de los gobernadores y de las universidades, que se entienden como delegados de la comunidad científica. Y para que un proyecto sea declarado viable, como se llama en lenguaje técnico, requiere que dos de los tres voten a favor, lo que le ha dado gran juego tanto a los gobernadores como al Gobierno.

Esos dos jugadores tienen otras funciones claves, que les dan todavía más poder y dejan a los científicos al margen.

Del lado de los gobernadores, ellos son los únicos que pueden presentar proyectos al Ocad, por lo que los científicos (u otros interesados) tienen que armar el proyecto y buscar que un gobernador los acoja. Eso, claro, le da mucho poder a los gobernadores.

Además, el Gobierno decidió que, como las otras regalías, cada departamento tenía un pedazo predefinido de la torta de regalías calculado según indicadores sociales y no su capacidad de hacer ciencia o la necesidad de incentivarla, por lo que cada gobernador se siente dueño de esa plata.

Y ese poder lo refuerza el que son los gobernadores los que eligen a los ejecutores de los proyectos, que por ley deben ser entidades públicas.

En la mayoría de los proyectos las gobernaciones se auto designaron como ejecutores para recibir la plata del fondo de regalías y luego contratar a quienes realmente los ejecutan. Mejor dicho, los científicos que pensaron la idea quedan totalmente a merced de los gobernadores,.

El Gobierno, por su parte, tiene otro poder grande: si Colciencias no le da luz verde a los proyectos que presentan los gobernadores, no pueden ser viabilizados por el Ocad. La idea es que como Colciencias es el que sabe de ciencia y tecnología, se asegura de que los proyectos sí correspondan a ese sector y estén bien formulados. Así Gobierno se reservó el mayor de los poderes, el del veto.

Todo ese sistema ha sido criticado desde que se creó, especialmente por la comunidad científica que señaló que creaba unos incentivos perversos para que la plata termine en proyectos que pueden ser innovadores y mostrar resultados en el corto plazo (lo que le conviene a los gobernadores), pero que no son la investigación y desarrollo que se requiere para que el país realmente despegue.

“El problema de la investigación y el desarrollo es que no es tan tangible. Arroja resultados pero en el largo plazo”, le explicó en 2012 a La Silla Edwin Cristancho, quien estaba encargado del tema en el Planeación Nacional (pues Colicencias estaba en una transición). "Los tiempos políticos son diferentes de los tiempos de la ciencia, la tencología y la innovación", concluye un informe de Fedesarrollo sobre el tema.

Por el otro lado, para los gobernadores el veto de Colciencias era una injerencia excesiva del Gobierno en la destinación de plata de los departamentos.

El sistema arrancó con problemas porque Colciencias devolvía los proyectos y había peleas entre universidades que habían formulado proyectos y gobernaciones que se habían autodesignado como ejecutores para luego contratar a terceros para ejecutarlos. E hizo crisis en 2014, cuando los gobernadores se levantaron del Ocad porque se pelearon con las universidades y el gobierno, que los criticaron por haberse autodesignado ejecutores. Ante eso, en plena campaña reeleccionista el presidente Juan Manuel Santos dijo que había que cambiar la forma en que se repartían esas regalías para facilitarle la vida a los gobernadores, cosa que nunca ocurrió.

Desde entonces, se han ido afinando procedimientos (por ejemplo, Colciencias y Planeación Nacional sacaron el año pasado una guía para que los formuladores y los gobernadores tengan más criterios para saber cuándo un proyecto es de ciencia, tecnología o innovación y cuándo no) pero falta tanto que hoy ni Planeación, que es quien hace el seguimiento a la inversión de regalías, ni Colciencias, que es quien dirige la política de ciencia y tecnología y quien tiene la secretaría técnica del Ocad, tienen un sistema de medición de impacto de los proyectos, ni de trazabilidad de los mismos.

Aunque están trabajando en eso, todavía no hay cómo saber si el proyecto que se aprobó en el Ocad se está implementando de manera fiel a como se formuló, y la única forma de saber quién lo ejecuta realmente es yendo a la gobernación ejecutora, pidiendo todos los documentos del contrato y haciendo trabajo de campo. Es decir, falta mucho para que haya transparencia y una evaluación centralizada de los proyectos.

Además, con las demoras propias de poner en marcha un sistema nuevo, más los roces entre científicos, gobernadores y Colciencias, dos de cada cinco pesos del fondo siguen en los bancos: hay más de 1,5 billones de pesos esperando a que se viabilicen los proyectos para ejecutarlos. Y todo indica que faltan varios meses para que se vuelvan a definir proyectos, pues el cambio de gobernadores ha demorado las decisiones, mientras los nuevos definen sus equipos y todos se empapan del sistema.

No en todas partes es igual

Como los proyectos se entregan por departamento, también revisamos cómo les ha ido a los departamentos, y encontramos conclusiones importantes.

Una es que San Andrés no se nos olvidó, sino que es el único departamento que no tiene un solo proyecto. Y otra que en los departamentos más ricos y con más academia las regalías suelen ser solo una fuente de recursos en los proyectos, lo que hace que allí haya más personas pendientes de su ejecución, mientras que en los otros son casi la única fuente, lo que le pone menos ojos encima a los gobernadores (haga clic sobre cada departamento para obtener más información. Use el filtro a la derecha para obtener más datos).

Por esos problemas es que, para decenas de científicos, hasta ahora se ha desperdiciado la oportunidad que se creó con la decisión del Presidente de destinar el 10 por ciento de las regalías a la ciencia, la tecnología y la innovación.

Por ejemplo, el rector de la Universidad Javeriana, Jorge Humberto Peláez dijo en nuestra Red Líder que “en algunos casos tensiones políticas han generado que buenos proyectos pierdan su respaldo y después de ser aprobados se retiren”; el profesor Jorge Iván González, de la Universidad Nacional, explica que “El alto número de proyectos es una muestra evidente de dispersión y la lectura de los títulos indica que no hay ninguna línea articuladora.”; e incluso el Contralor General, Edgardo Maya, dijo recientemente que “la mayoría de los departamentos del país no cuenta con capacidades científicas propias que les permitan invertir estos recursos de una manera eficiente, eficaz y pertinente."

Acá se puede ver la base de datos con los 271 proyectos.

 

Por JUAN ESTEBAN LEWIN DANIEL MORELO · 25 DE ABRIL DE 2016

http://lasillavacia.com/hagame-el-cruce/la-plata-de-la-ciencia-termin-en-otras-cosas-55574

 

«Mujeres para la ciencia 2016».

L’Oréal Colombia, con el apoyo de la Comisión Nacional de Cooperación con Unesco, Colciencias e Icetex, abrió la convocatoria para las científicas colombianas que quieran participar en su programa nacional de becas «Mujeres para la ciencia 2016».

El programa está dirigido a estudiantes colombianas de doctorado (que hayan cursado al menos un año al momento de postularse) o que estén realizando alguna actividad posdoctoral que seanmenores de 45 años, quienes deberán presentar un proyecto, de máximo cinco páginas, en áreas deciencias de la vida, ciencias agrarias, ciencias tecnológicas, química, física, ciencias médicas o matemáticas.

El ICETEX será el encargado de recibir las propuestas dentro de los tiempos establecidos por la convocatoria, mientras que Colciencias y un equipo de investigadores y evaluadores del más alto nivel calificarán las propuestas y seleccionarán los mejores proyectos.

La científica ganadora recibirá una beca de 40 millones de pesos colombianos para el desarrollo de su proyecto.

En 2015, las dos ganadoras de este programa estaban vinculadas a la Universidad Nacional de Colombia:Susana Novoa Herrán, candidata a doctora en Ciencias Químicas de la UN en la sede Bogotá, y Érica Mejía Restrepo, candidata a doctora en Biotecnología en la UN Sede Medellín.

http://www.icetex.gov.co/SIORI_WEB/DetalleConvocatoria.aspx?Convocatoria=3900816&Aplicacion=1&vigente=true

http://investigacion.unal.edu.co/boletin/notas-boletin-un-investiga/news/convocatoria-programa-nacional-loreal-unesco-por-las-mujeres-en-la-ciencia-colombia-2016/?tx_news_pi1[controller]=News&tx_news_pi1[action]=detail&cHash=c1b8fa09548b6976fd4d4965d6ed4a89

El científico y exrector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, publicó en una de sus recientes columnas en EL TIEMPO: “Una de las afirmaciones de todos los discursos políticos, sin excepción, es que vivimos en un mundo en el que los países se dividen en ricos y pobres en conocimiento. Los países que desarrollan ciencia y tecnología son competitivos y generan bienestar para su gente”.

Pese a que Colombia fue admitida en noviembre pasado en el Comité de Política Científica y Tecnológica de la Ocde, su inversión en investigación y desarrollo (0,23 por ciento del PIB) está muy lejos del promedio que destinan las naciones del llamado ‘club de los países ricos’: 2,4 por ciento.

Colciencias, el ente rector del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación, coincide con los científicos en que el rezago en esta materia es histórico.

Consciente de eso, y con la mira puesta en hacer de Colombia uno de los tres países más innovadores de América Latina, el Gobierno trabaja en un Conpes para actualizar la política nacional de ciencia y tecnología, con los lineamientos de lo que debería pasar en los próximos 10 años. En diciembre pasado, cuando se publicó el primer borrador, llovieron críticas.

Seis universidades (Nacional, Antioquia, Javeriana, de Cartagena, de Caldas y del Rosario) manifestaron su desacuerdo en una carta enviada a Simón Gaviria, director del Departamento Nacional de Planeación, y a Yanet Giha, directora de Colciencias. Hubo mesas de trabajo, se recibieron 56 documentos con 490 comentarios y se hicieron ajustes. Una versión 2.0 está lista, pero no se abrirá a la discusión pública. Solo quedaría pendiente la revisión del Gobierno para tenerlo antes de dos meses.

En este cara a cara, Enrique Forero, presidente del Colegio Máximo de Academias –entidad que agrupa a las diez academias nacionales– expone puntos que científicos y academia no comparten. Responde el subdirector de Colciencias, Alejandro Olaya.

‘Documento giró en torno a competitividad y dejó la ciencia al servicio de esta’

Enrique Forero, presidente del Colegio Máximo de Academias.

¿Conpes sin consultas?

Hacia finales del 2015 se comenzó a hablar de un documento Conpes que preparaba el Gobierno, y la comunidad científica empezó a preguntar en qué iba. A inicios de diciembre se conoció el borrador. Yo recibí una carta del asesor presidencial para la Innovación y la Competitividad, Jaime Bueno, el 9 de diciembre, pidiendo que el Colegio Máximo de las Academias se pronunciara sobre este. Citamos a los presidentes de las academias y a investigadores para discutirlo, y llegamos a la misma conclusión frente a puntos que nos inquietan.

¿Solo competitividad?

El documento originalmente giró en torno a la competitividad y dejó a la ciencia, la tecnología y la innovación al servicio de aquella. Nuestro primer comentario es que la producción de conocimiento propio es clave para que un país salga del subdesarrollo, e infortunadamente el Conpes, o en general la política como la vemos, no tiene eso en consideración.

Conocimiento de afuera

No se puede tener innovación y competitividad si no se posee conocimiento propio. Y no lo decimos solo nosotros; también los investigadores que vienen al país. Seguimos vendiendo lo que tenemos e importando tecnologías, conocimiento y metodologías que no necesariamente son aplicables al país. Volvemos a los ejemplos: ¿qué ha pasado con Corea? Ese país y el nuestro afrontaban una situación parecida en los años 50, y hoy Corea es una potencia mundial, mientras nosotros seguimos patinando. Corea invirtió mucho en educación y ciencia.

Afán de entrar en Ocde

La Misión de Sabios planteó en 1994 que Colombia en 20 años debería destinarle un punto del PIB a investigación y desarrollo. Seguimos por el 0,2 y cuando se habla de actividades de ciencia y tecnología, lo subimos al 0,4. Aún estamos muy lejos de esa meta; tanto que países como Corea, en el 2014, ya estaba en 4,29 por ciento, e Israel, en 4,11 por ciento. Colombia está decidida a entrar en la Ocde y nos preguntamos: ¿con qué? ¿Cómo nos podemos comparar con países de ese organismo que invierten en promedio el 2,4 por ciento de su PIB en estas áreas?

Doctores, ¿adónde?

Colciencias tiene un 60 a 70 por ciento de sus recursos comprometido con becas doctorales y de maestría. Eso deja entre un 30 o 40 por ciento para apoyo en investigación. Es un contrasentido preparar a un montón de doctores; los vamos a traer a qué y adónde.

El país tiene 70 centros

El Conpes plantea crear varios institutos de alta calidad. Decimos que el país tiene más de 70, hoy. En consecuencia, ¿para qué crear nuevos en lugar de fortalecer los existentes? Ahí sí, posiblemente, tendríamos dónde recibir a algunos doctores. Puede que los institutos estén disparando en distintas direcciones, pero volvemos a lo mismo: faltan políticas de Estado.

¿Y la institucionalidad?

El documento es una muestra de cómo se está debilitando la institucionalidad. La columna vertebral del Conpes es el Ministerio de Comercio, y Colciencias quedó relegado a una política de talento humano, pero el apoyo a ciencia y tecnología no aparecía por ninguna parte. Todo lo que Colciencias hiciera tenía que ser en comunicación directa con el Ministerio de Comercio, lo cual nos parece un contrasentido.

‘Si empresas acá fueran innovadoras, no tendría que plantearse una política’

Alejandro Olaya, subdirector de Colciencias.

El documento

En la construcción participó personal técnico de los ministerios más cercanos a la ciencia y la tecnología, como MinTic, Mineducación, Mincomercio, Minagricultura, Corpoíca, Colciencias y Planeación Nacional. Luego hubo espacios de discusión con agremiaciones, se hicieron seis talleres con la comunidad científica, empresarios y agentes de gobiernos regionales. Más tarde, encuentros específicos con rectores de universidades y la Academia Colombiana de Ciencias. Una vez superado esto, se montó el borrador, en diciembre pasado.

Empresas competitivas

La ciencia no está subordinada a la competitividad. Para efectos de este sistema hacemos énfasis en las relaciones entre ciencia e innovación con la competitividad empresarial. Si las empresas acá fueran competitivas, innovadoras e hicieran ciencia, el Estado no tendría que plantear una política.

Fortalecer investigación El documento tiene cinco capítulos y dos se dedican al conocimiento propio. Uno se llama ‘Investigar’ y busca fortalecer la dinámica de investigación para generar ese conocimiento. Esto se concentra en ver cómo aumentar el número de investigadores, los recursos para investigar, mejorar la infraestructura de los centros de investigación, y orientar esta tarea hacia cinco campos medulares para desarrollar ese conocimiento que el país necesita. El otro capítulo está dedicado a formación de personal científico en el nivel de doctorado.

Mayor inversión

Desde que nació el Sistema de Ciencia en el país, la inversión ha sido cercana al 0,15. Hoy vamos en 0,23; hemos subido un 30 por ciento en 50 años. Con el Conpes, el país tendrá claro por primera vez cuánto le vale al año acercarse al promedio. Hablamos de cerca de 60 billones de pesos en 10 años. El Plan de Desarrollo plantea llegar al 1 por ciento, lo que incluye actividades de ciencia, tecnología e innovación, y eso equivale al 0,5 del PIB en investigación y desarrollo (I+D). El Conpes plantea 1 punto en I+D y 2 puntos en actividades de ciencia, tecnología e innovación.

10 veces más doctores

El 98 por ciento de los doctores en Colombia tiene empleo. En el país tenemos una baja tasa y el sistema puede absorber 10 veces más a los doctores que formamos en la actualidad (390 se gradúan al año). El déficit es de 3.000 al año.

Centros nacionales

En Colombia hay 76 centros reconocidos, pero ninguno está entre los primeros 1.000 del mundo. La idea de los seis nuevos es consolidarlos. Una estrategia es crearlos en temas que no existen, como nanotecnología. Otra, fortalecer uno a partir de lo que hay. En salud, por ejemplo, tenemos 19. Acá no crecen porque son de una o dos universidades o empresas, y por eso la idea es volverlos un propósito nacional, para que el Gobierno pueda garantizarles recursos.

Colciencias, la cabeza

La política de Ciencia y Tecnología está definida por la Ley 1286, la cual establece que Colciencias es la entidad rectora del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación. Este Conpes plantea mejorar el arreglo normativo para que Colciencias se especialice en I+D y, eventualmente, el Ministerio de Comercio en innovación empresarial. Es una recomendación que solo se llegaría a implementar si se modifica el marco legal del país.

¿Se debe crear un Ministerio?

El Congreso debatió hace unas semanas sobre la creación de un Ministerio de Ciencia, iniciativa impulsada por el representante a la Cámara por Antioquia, Iván Agudelo, con el respaldo de universidades e investigadores. Para Enrique Forero, presidente del Colegio Máximo de Academias, no se trata de darle un barniz a Colciencias.

“Queremos que sea otra cosa, un Ministerio que se dedique a pensar la ciencia a largo plazo, que sea dirigido, ojalá, por personas del área; que dentro de ese ente haya un área dedicada a financiar la ciencia, que sería más o menos lo que debería ser Colciencias, y otra que se dedique a la competitividad”, dijo.

Alejandro Olaya, subdirector de Colciencias, señaló que si el Ministerio viene con el presupuesto que se requiere, bienvenido. “Pero si no, no hacemos nada. Es más, seguiríamos peor, sería una frustración porque esto le daría más jerarquía a un tema políticamente, pero sin posibilidades en la práctica”, añadió.

Hace dos semanas, Olaya participó en la reunión de la Ocde de la Política de Ciencia y Tecnología y citó los casos de Estados Unidos y Chile. El primero, una potencia en materia científica y tecnológica, que no tiene un Ministerio. Sí agencias por sectores, cuyos resultados se dan en función del presupuesto que tengan. “Cada una de esas agencias tiene 1.000 veces el presupuesto de Colciencias, sin exagerar”, dijo.

En la otra orilla aparece Chile, que está en el proceso de crear su Ministerio, aunque en medio de críticas porque presupuestalmente funcionaría sin un aumento sustancial. “Hoy el sistema colombiano es tan pequeño en términos de inversión que su primer paso es expandirse. Una vez se logre eso, ya se puede pensar en un Ministerio, si los problemas son de coordinación”, remató.

NICOLÁS CONGOTE GUTIÉRREZ
Redactor de EL TIEMPO
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@NiCongote

http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/ciencia/conpes-de-ciencia-genera-discusion-entre-gobierno-y-academicos/16546690

 

Eterno retorno: cada cierto número de años se elabora un documento Conpes juicioso y redentor, en el que se hace acto de contrición y enmienda por el escaso avance de la ciencia y la tecnología y su impacto en el bienestar y la productividad de la sociedad colombiana.  Por Rafael Orduz.

Las partes constitutivas de los sucesivos documentos Conpes, diagnóstico y política propuesta, se caracterizan por su carácter fundacional: “ahora sí” se convertirá Colombia en un país innovador que promueve el desarrollo científico y tecnológico.

En los intermedios se altera el esquema vigente del sistema de CyT, se cambia la adscripción de entidades como Colciencias, se crean fuentes nuevas de recursos. La última, la del 10% de las regalías, se anunció como una verdadera revolución: “En un hecho sin precedentes en el país, la ciencia, tecnología e innovación contarán con recursos como nunca antes, aumentando el porcentaje que el país ha dedicado a este rubro con respecto al PIB…” (El Espectador, Dic.22 de 2012).

El diagnóstico contenido en el que, probablemente, se convertirá en la brújula de la política de CyT para el período 2016-2025, es toda una confesión del fracaso de la política a lo largo del siglo. Algunos hitos del diagnóstico (coinciden, en el fondo, con el de García y Márquez y los sabios, de hace 20 años, y los de los sucesivos planes):

—La productividad en Colombia poco o nada tiene que ver con la innovación. La llamada productividad total de los factores no guarda relación con el índice global de innovación. Rajados.

—La capacidad de investigación en Colombia es, por decir lo menos, pobre, aún en términos latinoamericanos. Entre 2004 y 2014 la inversión total (pública y privada) en investigación y desarrollo fue de 0,19% del PIB. Brasil, Canadá y España invierten por encima del 1%; EE. UU.: 2.7%; Corea: 3%. Iberoamérica, en promedio: 0,87% (2013). Vergüenza.

—El capital humano para CyT es insuficiente. Hay 205 programas de doctorado en Colombia, aunque sólo cinco cuentan con registro de alta calidad (el 2,4%). De buena y mala calidad, en Colombia se graduaron 6,6 doctores por cada millón de habitantes en 2012 vs. 70,6 en Brasil y 43,7 en México. Qué pena.

Dos observaciones: la obsesión de pertenecer al “top” de América Latina: los más educados, los más innovadores. Ni los demás países se quedan quietos, ni América Latina es el mejor referente regional (ni en educación, ni en CyT; al contrario, es el bloque regional, con la excepción de algunos países africanos, más atrasado del planeta en una y otras). ¿Aspiramos al modelo de maquila en que se convirtió México o, mejor, al exportador de “commodities” en que se convirtió Brasil?

Finalmente, nos parece audaz pensar la CyT en un horizonte de nueve años (2016-2025). ¿Por qué no a 25, 30 años? Si una entidad modesta como Colciencias ha tenido cinco directores en los últimos cinco años (cada uno con su respectivo equipo, unos mejores que otros), es claro que la pregunta resulta ingenua e impráctica.

http://www.elespectador.com/opinion/cyt-mas-de-mismo-i

 

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