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El estancamiento agrícola

El sector agrícola se vino abajo hace 25 años y no ha podido salir del letargo. El censo agrícola revela cómo durante este período de predominio del neoliberalismo el sector experimentó un severo retroceso económico y social. El desmonte arancelario, la revaluación y los TLC provocaron una entrada masiva de los cereales y productos lácteos que son adquiridos a menores precios en los socios comerciales. Así, el desplazamiento de estas actividades que se caracterizan por la mayor demanda provocó una contracción del área y un crecimiento del sector de 2 %. La participación del sector en el producto, que hace 25 años ascendía a 18 %, bajó a 6 %.

Por: Eduardo Sarmiento

Frente al deterioro del sector, la administración Uribe estableció el Agro Ingreso Seguro. El programa se orientó a entregar créditos subsidiados a todos los productores. No se evitó la tendencia declinante de la inversión. Los productores no accedieron al crédito o lo desviaron a otros fines.La actual administración dentro del marco del posconflicto, y siguiendo las recomendaciones de la Comisión Agrícola, está comprometida en un aumento significativo de la inversión pública. Sin embargo, no se sabe cuál será el monto de los recursos presupuestales, de dónde provendrán y cómo se orientarán.

Muchos de los desaciertos están en errores de diagnóstico inspirados en las teorías neoclásicas. En forma persistente se da por hecho que la oferta crea la demanda. No se ha entendido que las aperturas y el mercado llevan a la concentración en bienes tropicales que pueden producirse más favorablemente y carecen de demanda mundial. Tan cierto es esto, que las exportaciones distintas a las tradicionales llegan a US$350 millones anuales. Algo similar sucede con el crédito. Cuando la demanda es incierta y escasa, los productores contraen la inversión y se inclinan por los insumos variables.

Brasil es el país de América Latina que mejor entendió esta realidad. Es bien sabido que los productos del ciclo corto se cultivan a menores costos en los países temperados por las condiciones biológicas que permiten una fuerte recuperación de las tierras en invierno. En virtud de la notable gestión de la empresa estatal, Embrapa, lograron compensar las desventajas biológicas con las economías de escala que resultan en las siembras en grandes extensiones como el Cerrado, que en muchos aspectos se asemeja a la altillanura colombiana. Durante varias décadas consiguieron que las producciones de maíz, sorgo, soya, trigo y ganadería avanzaran por encima del 5 % y contribuyeran a elevar el crecimiento del sector de 2 a 3,3 %.

Ciertamente, el sector adolece de serias fallas en la estructura productiva. En el censo agrícola se encuentra que las empresas pequeñas y grandes operan con tamaños inadecuados, la participación de los cultivos transitorios disminuye y la inversión desciende aceleradamente. Es posible que una política general de ampliación del gasto público modere algunas de estas anomalías, pero, al igual ocurrió en el pasado con las estrategias excluyentes de oferta, su alcance sería modesto.

El mayor margen de maniobra del sector está en los cultivos de corto rendimiento y la ganadería que disponen de mayores posibilidades de expansión. Sin embargo, el camino no está en prescindir de la protección al pequeño productor y darle rienda suelta productor grande para explotar los terrenos baldíos, como lo sugiere la ley Zidres. Lo que se plantea es la presencia abierta del Estado con una gran empresa, como Embrapa en Brasil, para adelantar proyectos de grandes dimensiones en asociación con los productores o regularlos dentro de rigurosas concesiones limitadas a un reducido número de cultivos.

http://www.elespectador.com/opinion/el-estancamiento-agricola

 

Hace cuatro años, Colombia batió récord en publicaciones científicas: 5.000 fue la cifra que nos convirtió en el quinto país de la región con mayor número de artículos académicos. ¿Pero estas publicaciones son valoradas por la comunidad científica? Los números dicen que no.

Según cifras de Colciencias, Colombia aporta únicamente el 0,2 por ciento de la producción científica internacional, es decir, la publicada en las grandes bases de datos como WOS y ScoPus que juntas albergan más de 150 millones de artículos científicos en el planeta. Sin embargo, en las bases de datos gratuitas, Colombia es líder en publicaciones por encima de países como Brasil, Francia y España.

Sin embargo, a pesar de la gran cantidad de publicaciones colombianas que hay, tanto en las bases de datos internacionales como en las gratuitas, son muy pocas las que son utilizadas por investigadores internacionales. “En el país tenemos mucha cantidad y muy poco impacto, es decir, cuántas veces citan un artículo”, indica Alejandro Olaya, subdirector del Departamento Administrativo de Ciencia Tecnología e Innovación (Colciencias).

Por esta razón, Colciencias está construyendo los nuevos lineamientos del servicio permanente de indexación Publindex, pues se dieron cuenta que debían reaccionar a este panorama, en el que la limitada contribución que está presentando el país en la generación y divulgación de conocimiento en el ámbito mundial, se refleja en el bajo número de publicaciones científicas de autores nacionales y el poco impacto que tienen.

Durante 20 años, el modelo de indexación de las revistas científicas se basó en ciertos requisitos editoriales, por ejemplo, que contaran con un comité de pares evaluadores externos y mantuvieran cierta periodicidad en la publicación de sus números. Sin embargo, estos requerimientos fueron quedándose obsoletos, mientras que las exigencias académicas pedían una mayor rigurosidad en los contenidos.

A pesar que este Publindex permitió que muchas revistas en el país mejoraran su proceso editorial y el nivel de los artículos, actualmente la forma de evaluar la calidad de una revista científica se centra en el impacto que produce en la comunidad, lo cual, según Colciencias se mide exclusivamente por el número de citaciones. Solo para poner un ejemplo, de las 542 revistas científicas que hay en el país, 277 tuvieron menos de 3 citas en los últimos cinco años.

“Las citaciones son una medida universal en las comunidades científicas. Si un artículo es citado es porque se le considera valioso, relevante y con aportes al conocimiento. Así, entre más citaciones tenga, es más reconocido y valorado”, explicó el subdirector Olaya. 
Por esta razón se formuló un nuevo modelo de Publindex, que responde a las necesidades del sector y se centra en medir el impacto, según la cantidad de cada publicación. 

El nuevo Publindex

A partir de agosto de este año, Colciencias se encargará de medir el impacto de los artículos científicos basándose en los índices de citación, que mantienen un seguimiento sobre los artículos que son citados en otras publicaciones, entre los más reconocidos están el Journal Citation Reports (JCR) y el SCImago Journal Rank (SJR). Sin embargo, la entidad quiso ir más allá e incluyó una medida nueva en el país llamada el “Índice H”, utilizada por Google, que permite calcular la cantidad de citas que tiene el artículo en bases de datos electrónicas en un rango de cinco años. 

“Todo esto nos permitirá ser más incluyentes, la revista no tiene que figurar necesariamente en índices bibliográficos, sino que puede estar, por ejemplo, en las páginas de las universidades o en otras bases de datos como SCielo. Se revisará todo lo que esté disponible en la web”, añadió Olaya. 

Esta nueva política reconoce, además, las diferencias en las distintas disciplinas en cuanto a su nivel de citación. Se sabe que se cita con mayor frecuencia un artículo de ciencias exactas, comparándolo con uno de humanidades, de ahí que el nuevo modelo diferencia cada área del conocimiento para promediar su nivel de citación. 

Con el nuevo método de indexación, Colciencias prevé una depuración del número de revistas, pues según cálculos de la entidad esperan que, una vez aplicado, el número de revistas se reduzca a alrededor de 300 revistas. “Buscamos privilegiar la calidad sobre la cantidad”, dice Olaya. “Hoy, de las 524 revistas, solo 75 se encuentran en los índices de alto impacto. Queremos que ese número suba”.

El nuevo modelo tiene como novedad la inclusión de un novedoso sistema de medición: el índice h. Este es el balance entre el número de publicaciones y las citas a éstas. El índice se diseñó para medir eficazmente la calidad del investigador, a diferencia de sistemas de medición más sencillos como aquellos que cuentan solo las citas o las publicaciones, donde se hace una distinción entre aquellos investigadores que tienen una gran influencia en el mundo científico de aquellos que simplemente publican muchos trabajos.

Sin embargo, este sistema tiene ciertas desventajas. El índice H puede llevar a confusiones en cuanto a la importancia de un científico porque, al estar limitado por el número de publicaciones totales, un científico de corta carrera está en clara desventaja y no se considera la importancia de sus primeros trabajos en una medida correcta.

Lejos de ser un modelo ideal

El docente Wilson López López, editor de la revista Universitas Psychologica de la Universidad Javeriana, considera que el modelo que plantea Colciencias dista mucho de ser ideal. López, junto con el equipo editorial de su revista, acompañó a Colciencias durante cuatro años en la discusión sobre un nuevo modelo, pero mantiene cierta distancia con algunos conceptos que Colciencias consideró claves.

“Hay un problema y es que la calificación dependa exclusivamente de la citación, pues deslegitima el proceso editorial y la calidad. No permite ver todo el esfuerzo editorial”, dice López. Para el editor, este tipo de método puede terminar siendo engañoso, pues puede terminar privilegiando el tema de las citaciones sobre otros importantes como el número de artículos al año que la revista revisa y publica. “Es como comparar el ICFES de dos colegios cuando uno envía diez estudiantes y otro cien”, dice.

Además, otros de los posibles riesgos que López encuentra en el nuevo modelo es la dificultad que van a tener las nuevas publicaciones. “El nuevo Publindex indexará revistas que tengan un número de citaciones considerable, algo que beneficia a las existentes pero termina por ahogar a las nuevas o más pequeñas”. Muchos críticos del Índice H, afirman que se ha observado que el sistema termina privilegiando a la productividad.

El editor considera que Colciencias va por buen camino y valora el trabajo de cambiar un modelo obsoleto, pero también sugiere que la entidad debería considerar otros indicadores además de las citaciones pues “solo muestran una cara de la moneda”.

http://www.elespectador.com/noticias/ciencia/colombia-publican-articulos-cientificos-pocos-citan-articulo-639115

El científico cree que hacia un futuro cercano las buenas prácticas de los palmeros serán generalizadas y así ya no habrá lugar a estigmatizar el cultivo. /Periódico del Meta

Estudió agronomía en la Universidad de Caldas, es una de los científicos que más sabe de suelos en el país y que, según su hoja de vida en Colciencias, más se ha dedicado a investigar la manera de mejorar la producción en los cultivos con condiciones adversas. Justamente tiene un doctorado en el que investigó sobre las tierras de la sabana de Colombia y en su maestría también trabajó la producción en los suelos ácidos de la Altillanura. En sus labores de dirección científica tiene más de 10 artículos publicados en revistas especializadas. 

José Ignacio Sanz Scovino (J.S.) desde el 2007 es director Ejecutivo de la Corporación Centro de Investigación en Palma de Aceite (Cenipalma), la entidad financiada por los palmeros de Colombia con el fin de generar y transferir conocimientos y tecnologías que vuelvan sostenible económica y medioambientalmente este cultivo.

El Espectador habló con él a propósito de los 25 años que cumple esta organización, que es la más moderna de América en investigación de palma, y del nuevo centro de investigaciones que será construido en Paratebueno (Cundinamarca) y que servirá a los palmeros de toda la zona oriental.

¿Para qué se creó Cenipalma?

 

 

En su momento nació para encontrar el agente causante de la Pudrición del Cogollo (PC) una de las enfermedades que más ha causado pérdidas al sector palmero en Colombia. Su foco primario era el mejoramiento genético para encontrar resistencia a la enfermedad.

¿Y cuáles son los logros de este centro de investigación?

El principal fue que se encontró ese agente causal de la PC que es la Phytophtora palmívora y que desde 1964 venía atacando cultivos pero que en los últimos años destruyó más de 70.000 hectáreas de palma de aceite en diferentes partes del país. También en las investigaciones encontramos el insecto que transporta el organismo de la marchitez letal, otra de las enfermedades graves de la palmicultura que los afecta a ustedes en los Llanos Orientales.

¿Ahora cuál es la misión?

Nos hemos dedicado a buscar mejorar las prácticas agrícolas para que los palmicultores las pongan en práctica. Esto incluye incluye la nutrición de la palma; los requerimientos críticos de la palma de aceite y el manejo orgánico para estimular el desarrollo de organismos del suelo a través de lo que va dejando la misma palma, reteniendo la humedad del suelo.

¿Cómo hacer para que ese conocimiento no se quede encerrado en los laboratorios?

Cuando tenemos un hallazgo que consideramos importante, lo llevamos a la unidad de extensión que es una instancia muy grande de Cenipalma, la cual tiene profesionales en todas las zonas palmeras que se mueven en los cultivos para capacitar y hacer transferencia de tecnología mediante capacitación.

Esos esfuerzos científicos no han servido para cambiar la mala imagen que tiene el cultivo…

Esa mala imagen viene especialmente de Malasia e Indonesia donde tienen sembradas más de nueve millones de hectáreas de palma. Cuando estos países impulsaron el cultivo su territorio era completamente selvático y la destrucción fue bastante fuerte. No los juzgo porque eran países muy pobres y debían garantizar la supervivencia para sus habitantes. Sin embargo desde esa época viene cargando el lastre de supuestamente ser un cultivo destructivo y en Colombia han querido achacarle los mismos defectos.

Pero en el Llano, sobretodo en el Piedemonte, arrasaron bosques…

Eso no es cierto. En el Llano hicimos un estudio muy cuidadoso con fotografías aéreas y documentos y se demostró que 97% de la deforestación se debió a la ganadería y al arroz. La palma de aceite fue la responsable del 3%. No le niego que la primera generación de palmeros pudo deforestar, como sucedió con el arroz, con el plátano y hasta con el café, pero insisto en que trabajamos duro en mejorar esas prácticas agrícolas.

¿Es decir que ahora respetan más el medio ambiente?

Si no lo hacen su producto no tendrá mercado. Las nuevas generaciones de palmeros saben que si no tienen prácticas sostenibles con la naturaleza no serán certificados y su producto no podrá ser comercializado. Pero aún encontramos los extremos: el que usa abonos orgánicos, respeta la vegetación, no usa pesticidas sino control biológico; y por el otro unos cuantos que le aplica todas las porquerías al suelo.

Se dice también que la palma consume mucha agua.

Desde Cenipalma trabajamos en sistemas de riego en donde se ahorra hasta un 60% del agua que se utiliza e insistimos para que los palmeros no siembren a orillas de los ríos y que respeten no solo la ribera del afluente sino el bosque que hay a su alrededor.

¿Tampoco daña el suelo?

Lo mismo dicen de la caña de azúcar, del arroz. Insisto, el que daña el suelo no es la palma sino el mal palmicultor con sus malas prácticas. Si dañara el suelo no sería un cultivo de ciclos productivos de 25 años con la posibilidad de renovarse.

¿Qué hacer entonces para desestigmatizar a la palma?

Mire, la palma no es mala en sí misma, lo que es negativo son las prácticas nocivas que tienen algunos agricultores y que las hay en todos los cultivos, por eso desde Cenipalma impulsamos el mejoramiento de buenas prácticas. Sin embargo, lo más importante es que los consumidores se han vuelto exigentes y muchos piden certificaciones como la RSPO que es la que garantiza que desde que se siembra hasta que llega a la mesa sea palma con métodos ambientalmente sostenibles. Yo le digo que el cultivo de palma va en dirección del sentido positivo y no debe ser visto como un enemigo.

¿Cómo va el centro de investigaciones para el Llano?

Se llamará Palmar de las Corocoras y será el quinto centro de investigación en Cenipalma. Quedará en Paratebueno (Cundinamarca), sobre un terreno de unas 400 hectáreas. Ya tenemos muchos lotes de investigación sembrados pero apenas están empezando las construcciones físicas. Creo que antes de terminar este año quedará listo.

¿Cuál será el énfasis de investigación?

Será para procesamiento, eso quiere decir que serán laboratorios para estudiar contenidos de frutos y desarrollo de software para equipos de plantas extractoras. Allí se investigará física, química y mecánicamente el proceso de extracción del aceite de palma para reducir pérdidas, optimizar el volumen, mejorar la calidad del aceite, además de hacer un uso eficiente de la energía.

¿Investigarán la Marchitez Letal?

Por supuesto, esta enfermedad ha afectado mucho al Llano y allí tendremos un campo experimental, así como el estudio de tierras ácidas.

¿Por qué lo hicieron en Paratebueno?

Porque los Llanos es la zona con más plantas extractoras en el país y elegimos ese municipio porque su suelo tiene unas características muy representativas del Piedemonte Llanero y también por costos.

http://www.elespectador.com/noticias/nacional/el-reto-mejorar-practicas-de-los-palmicultores-director-articulo-636523

La CIB, al borde del precipicio

La falta de financiamiento de Colciencias es gravísima. De financiadora y conductora de las políticas nacionales de ciencia, ha pasado a ser una agencia de comunicación y eventos.

La CIB (Corporación para Investigaciones Biológicas), de Medellín, está agonizando. Se espera que el médico declare en cualquier momento la hora de su muerte. Suena melodramático, pero, aun así, no expresa toda la preocupación de la comunidad científica.

Empezó en 1970 como una iniciativa de algunos profesores legendarios de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia (Ángela Restrepo, William Rojas, David Botero, entre otros). Trataban de hacer una investigación científica profesional cuando esta era apenas un hobby de excéntricos. Para financiarla crearon un fondo editorial de textos universitarios. Unos jóvenes revolucionarios (que hoy ya no son ni lo uno ni lo otro) les exigieron cerrar el fondo o abandonar la universidad.

Continuaron en el Hospital Pablo Tobón Uribe, con equipos donados por una científica americana (la tutora doctoral de Ángela Restrepo). Desde entonces trabajan en la frontera del conocimiento y al borde del precipicio financiero. Han atravesado crisis, algunas resueltas con el apoyo de las universidades de Antioquia, Nacional y Pontificia Bolivariana, y del Colegio Mayor de Antioquia, que vincularon como profesores a varios de sus investigadores. En una bonanza construyeron su propia sede de cuatro pisos, pero en un momento de necesidad tuvieron que dar dos en alquiler. Este año ya han reducido su personal y sus gastos en más de 30 por ciento.

Hay quienes critican a los científicos por trabajar en temas poco relevantes para el país y muy alejados de sus realidades. Definitivamente no es el caso de la CIB. Trabajaron en temas de salud, desarrollaron diagnósticos y tratamientos y dirigieron programas de control de enfermedades en comunidades campesinas, afrocolombianas e indígenas de Antioquia y del Chocó. Desarrollaron un laboratorio de diagnóstico avanzado con servicios a la comunidad. Incursionaron en temas de biotecnología agrícola en aguacate, banano y papa, desarrollaron sistemas de control biológico y prestan a los campesinos servicios fitosanitarios.

Sus indicadores de presencia científica en el mundo son altos. Superan a muchos de nuestros mejores centros y universidades en el nivel de citación, en la publicación en revistas de alto impacto, en la cooperación internacional y en el liderazgo de sus investigadores.

No obstante, se están quebrando. Es, sin duda, culpa de nuestro sistema científico, en el cual iniciativas de este tipo no parecen ser viables. Todos los centros autónomos del país han vivido y viven permanentemente al borde de la catástrofe. La directora de uno de ellos comentaba cómo cada día debía pedalear más fuerte para permanecer en el mismo lugar. La caída es inevitable. Habrá un momento de cansancio o un tropezón coyuntural.

La falta actual de financiamiento de Colciencias es uno de esos tropezones. Los años anteriores al 2014 lograba la CIB consistentemente financiar proyectos por unos 3.500 millones de pesos, que le dejaban 300 para gastos de funcionamiento. En el 2015 la financiación bajó a 1.500 millones, y este año no superará los 600. Las regalías no suplieron esa caída. Los costos de administración reconocidos no cubren los gastos reales, y les toca acabar un proyecto con recursos del siguiente en un ‘jineteo’ continuo de alto riesgo.

No es posible callar, hay que decirlo con todas las palabras: la falta de financiamiento de Colciencias es gravísima. De financiadora y conductora de las políticas nacionales de ciencia, ha pasado a ser una agencia de comunicación y eventos. Las regalías están siendo malgastadas, deben ser revisadas urgentemente. Estamos condenando a nuestras mejores iniciativas científicas a un triste final. ¿Asumirá el Gobierno su responsabilidad?


Moisés Wasserman
@mwassermannl

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/la-cib-al-borde-del-precipicio-moises-wasserman-columna-el-tiempo/16590529

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