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Bioeconomía en serio

EDITORIAL 25 SEP 2016 - 9:00 PM

 

Bioeconomía en serio

Si el Gobierno es serio con su compromiso, se esperarán señales claras en al menos dos frentes.

Por: El Espectador
 

Importante el anuncio del presidente de dar un impulso a la llamada bioeconomía. Se presentó como todo un cambio de rumbo en la visión del desarrollo, a partir de la puesta en valor de la biodiversidad. Se propuso incluso como alternativa al controvertido glifosato, como lo mencionamos en su momento, para superar la necesidad de seguir fumigando la gente y los ecosistemas. Alimenta la esperanza en una paz con reconciliación con el ambiente. Pero ¿estamos frente a otra forma de retórica desapegada de la realidad? Si el Gobierno es serio con su compromiso, se esperarán señales claras en al menos dos frentes.

El primero es que la riqueza de la biodiversidad en sí misma no es riqueza económica. Entre lo que nos dio la naturaleza y lo que cuenta en la economía hay un enorme vacío que sólo se supera con inversión en ciencia y tecnología, y en la puesta en valor del conocimiento local.

Para ello, por mencionar sólo un ejemplo, Colombia ya cuenta con el Instituto Humboldt, que ha promovido o creado toda una red de actores sociales e institucionales centrados en la gestión del conocimiento de la biodiversidad. Desde la diversidad genética y de especies, el diagnóstico del estado de los ecosistemas y sus transformaciones, hasta la adaptación de comunidades locales, para quienes los recursos biológicos son parte esencial de su identidad y forma de vida, el acervo de conocimiento pertinente es enorme.

 

 

El Humboldt es hoy ampliamente reconocido a nivel internacional como un centro de pensamiento en la acción. Aunque ha contado con el apoyo decidido del Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, y recientemente, con mayor fuerza, de Colciencias, el Gobierno no parece usar siempre sus resultados, algunos de los cuales quedan archivados como “verdades incómodas” cuando no sirven a los intereses del corto plazo.

Mirando a futuro, es evidente que las capacidades allí instadas siguen siendo inferiores a los nuevos retos que planea el presidente. Se esperaría, pues, un refuerzo decidido de éste y los otros institutos del Sistema Nacional Ambiental, afianzando su relación en la construcción de política pública.

El segundo fundamento de la bioeconomía es la gestión integral de la biodiversidad, porque no podría hablarse de crear valor económico en un lado si por el otro se está destruyendo valor ambiental.

Es verdad que el país cuenta con instrumentos de ordenamiento territorial, pero falta integrar la gestión del conocimiento de la biodiversidad. Aquí los retos son enormes. Mucho de ello está esbozado en la Política de Gestión Integral de la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos, pero faltan capacidades dentro del Sistema Nacional Ambiental y el Sistema de Ciencia y Tecnología para crear protocolos de gestión de biodiversidad para la agroindustria, la minería, las transformaciones urbanas, las carreteras y el sector hidroenergético. Sin una gestión de la biodiversidad en los temas agrarios, el posconflicto estaría dando un salto hacia el siglo pasado.

Tampoco hemos integrado como país la gestión de la biodiversidad con la adaptación al cambio climático. Un mandato renovado para el mismo Instituto Humboldt podría ser construir una gran alianza público-privada para la gestión del conocimiento de la biodiversidad.

Suena bien bioeconomía, como ya suena hablar de Colombia como un país megadiverso. Se esperan entonces pasos para consolidar sus fundamentos, en términos del conocimiento y el tratamiento que damos al territorio. Buen reto ha planteado el presidente.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

Ciencia e industria: la unión perfecta

SEMANA – 2016/09/10

Soluciones Microbianas del Trópico, empresa ganadora del premio Innova100K, concurso organizado por Colciencias que promueve la innovación empresarial, muestra que la academia y el emprendimiento pueden combinarse para crear industrias.

En Colombia es poco común que los investigadores se animen a hacer industria. Esta cultura, base del desarrollo económico de países como Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur e Israel, está poco arraigada en la sociedad nacional. Incluso todavía muchos investigadores y científicos no ven con buenos ojos los lazos que se pueden establecer entre la academia y la industria. 

Aun así, desde hace un par de décadas algunos científicos colombianos han abandonado los prejuicios y se han arriesgado a crear industrias basadas en el conocimiento y la innovación. Este es el caso de Soluciones Microbianas del Trópico (SMT), una empresa caldense que hace unas semanas obtuvo el primer puesto en Innova100K, un concurso organizado por el programa Alianzas para la Innovación de Colciencias que premia a empresarios innovadores colombianos.

SMT recibió el galardón gracias a que creó un insecticida innovador compuesto por tres hongos para combatir la Diaphorina citri, una mosca que en su aparato bucal tiene una bacteria que ataca los cultivos cítricos y se está convirtiendo en una plaga mundial. Ahora con los recursos y la asesoría de Colciencias, esta empresa financiará las pruebas en campo para validar la eficacia del insecticida y así obtener el certificado del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) para poder comercializarlo.

El premio recibido por esta empresa, radicada en Chinchiná, Caldas, no solo la retribuye por crear un producto innovador, sino reconoce a dos científicas que hace 16 años se arriesgaron a utilizar su conocimiento para crear una empresa de alto valor agregado. La historia de esta aventura comenzó en el año 2000, cuando las bacteriólogas Patricia Eugenia Vélez y María Nancy Estrada abandonaron su cómodo trabajo en el Centro Nacional de Investigaciones de Café (Cenicafé). Durante varios años habían participado en los estudios sobre el empleo de agentes biológicos para combatir las enfermedades en los cultivos del grano. “En los 14 años en Cenicafé, mi socia y yo nos especializamos en usar microorganismos benéficos para controlar plagas”, explica Vélez, quien tiene una maestría en tecnología aplicada en hongos de la Universidad de Kent, en Inglaterra. 

La idea de independizarse y crear una empresa comenzó a rondarle la cabeza a Patricia luego de un viaje a Hong Kong. Además de realizar un curso en tecnologías de biotransformación, conoció los pormenores del cultivo de hongos, negocio que la apasionó. De regreso a Colombia, después de un tiempo de madurar la idea, Patricia y María renunciaron a Cenicafé y fundaron Hongos del Trópico, con el fin de cultivar y comercializar hongos comestibles.

“Sin embargo, nuestro optimismo se vino a pique cuando nos dimos cuenta de que comercializar hongos distintos al champiñón no era fácil: cultivarlos era bastante costoso y el mercado estaba reducido a la clase media y alta”, continúa Vélez. Ante estas dificultades, ambas bacteriólogas concluyeron que el conocimiento que habían acumulado en Cenicafé debería servir de base para su empresa. 

Con poco capital, Patricia y María alquilaron parte de las antiguas instalaciones de Cenicafé y allí montaron su planta de producción. Desde ese momento se han dedicado a crear productos basados en microorganismos para el control de insectos y enfermedades en varios tipos de cultivos. En la actualidad esta pyme tiene cinco insecticidas registrados para su venta en el ICA y siete en proceso de aprobación. 

El éxito de ambas bacteriólogas se debe a que han considerado que el vínculo entre academia e industria debe ser fuerte y la base para crear productos innovadores con un alto componente científico y tecnológico. “A pesar de ser empresaria, nunca he dejado de ser investigadora. Sigo dando clases y en la empresa recibimos a estudiantes de pregrado para que nos colaboren y realicen sus trabajos de grado, y a la fecha hemos dirigido 25 tesis. Todo esto demuestra que el emprendimiento debe ir de la mano con la ciencia”, afirma Patricia.

Junto a SMT, Innova100K premió a Frios Frutos de los Ríos, de Quibdó; Match Overseas, de Barranquilla; Mundo Panela el Trébol, de Guaduas, Cundinamarca; Mpl Aviation, de Rionegro; y Zumotec de Bucaramanga. Cinco empresas que muestran que la innovación se encuentra en todos los rincones del país.

 

 

 

 

 

 

El Fondo de Investigación es manejado por Colciencias, pero según el proyecto de ley del Presupuesto General de la Nación 2017, este podría pasar a manos del Icetex.

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Descripción: El Fondo de Investigación colombiano podría pasar al Icetex

El Fondo de Investigación en Salud está destinado a promover y fortalecer la investigación en salud, y gracias a este se han cofinanciado importantes estudios reconocidos a nivel internacional como, por ejemplo, los realizados por el neurólogo Francisco Lopera para encontrar una cura al Alzheimer. Los recursos del Fondo proceden del siete por ciento de los juegos de azar y en el 2015 recibió 20.000 millones de pesos.

 

Casi todas las universidades, grupos de investigación e institutos de salud financian parte de sus proyectos de investigación a través de las convocatorias de Colciencias, que maneja el Fondo. Pero el proyecto de ley del Presupuesto General de la Nación 2017, puede cambiar radicalmente el destino de estos dineros.

El artículo 74 del proyecto propone: "Los recursos del Fondo de Investigación en Salud al que se refiere la Ley 643 de 2001 administrados por el Instituto colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología ‘Francisco José de Caldas‘ Colciencias y que pertenecen a la Nación se destinarán a financiar el programa de becas crédito establecido en el parágrafo 1° del artículo 193 de la ley 100 de 1993, en el monto que defina el Ministerio de Salud, para la formación de médicos especialistas en áreas clínicas y quirúrgicas y de esta forma contribuir a la generación de conocimiento científico y tecnológico para el desarrollo económico y social del país y apoyar a la consolidación de capacidades en Ciencia Tecnología e Innovación. Para el efecto Colciencias entregará al Icetex los recursos con destino al Fondo Minsalud Icetex".

 

Este cambio de administración y de destino de los dineros ha desatado la inconformidad de las universidades y grupos de investigación en salud. Para muchos investigadores este cambio va en contra de la producción de conocimiento científico, y aunque reconocen que la formación de especialistas de alto nivel es vital para el país, también consideran que el dinero para financiar a los centros de investigación es igual de importante. Son actividades complementarias de las que no se puede elegir entre una y otra.

 

Para Dolly Montoya, vicerrectora de Investigación de la Universidad Nacional, esta propuesta "no tiene sentido; es sacar recursos de un bolsillo para pasarlo a otro. Las dos cosas se necesitan pero no hay que poner en contraposición la formación y la investigación. La formación se hace a través de la investigación y si hay buenos investigadores la calidad de la formación es más alta".

La Asociación Colombiana de Inmunología (ACOI) también ha manifestado su rechazo a esta iniciativa y piden que se elimine el artículo. "Preocupa que las decisiones trascendentales de un país se tomen sin la más mínima base de análisis. ¿Sobre qué argumentos se desvía el FIS, de la noche a la mañana y a espaldas de una comunidad pensante, para atender, los justos reclamos de los residentes de las especialidades clínicas y quirúrgicas, quienes durante su formación no cuentan –en su mayoría- con salarios para su sostenimiento?", dice el comunicado de la ACOI.

 

Según Lucy Gabriela Delgado, presidenta de la ACOI, los buenos resultados que ha tenido el FIS en fomentar la investigación en salud, demuestran que un fondo con recursos permanentes es la mejor forma para financiar la ciencia y la tecnología. Por eso "no se entiende cómo en lugar de replicar estas políticas exitosas a otros ámbitos de la ciencia se piensa cambiarlas".

 

Este tipo de cambios generan dudas en los científicos sobre si el compromiso del gobierno con fomentar la ciencia y la tecnología y de volver al país en el tercero más innovador en América Latina en 2025 es sincero.

 

SUBE COMO PALMA

 

Colombia es el cuarto productor de aceite de palma en el mundo. Y en los últimos años, el sector ha enfrentado desafíos como fenómenos climáticos y mayor competencia. La consolidación de este negocio dependerá, entre otros, de aumentar la producción.

 

La palma africana llego a Colombia a mediados de los años cincuenta y se convirtió en el cultivo del futuro. Su vida fructífera de 20 años su alta productividad –es una de las plantas más fértiles por unidad de tierra- y el uso cada vez más común de sus aceites y grasas en productos de la vida cotidiana y de la industria, llevaron a que se consolidara afínales del siglo XX en el país.

 

Hoy Colombia es el cuarto productor de aceite de palma en el mundo y el primero en América. Tiene 466.185 hectáreas de palma sembradas (377.600 de ellas en fase productiva), las exportaciones alcanzan cifras record y la producción crece a pesar de algunas dificultades que enfrenta el sector. En 2015, por ejemplo, en el país logro producir 1.272.522 toneladas de aceite, 14.7 por ciento más que el 2014. Una cifra que, según los expertos llegara pronto a los 2 millones, pues las palmas ya están sembradas y solo hace falta esperar que produzcan.

 

Esta actividad, además, es responsable del 6 por ciento del PIB agropecuario y genera cerca de 110.000 empleos directos y una cifra similar de indirectos. Actualmente se siembra en 122 municipios del país, que el gremio de los palmeros (FEDEPALMA) agrupa en cuatro zonas. Los departamentos de Meta y Casanare, que conforman la zona oriental, son los que más hectáreas tienen sembradas, los que más aceite de palma producen y los que jalonan el crecimiento de la producción a nivel nacional (juntos agrupan en 41 por ciento del aceite producido en 2015). Le sigue la zona norte, conformada por la costa Atlántica, que sufrió los embates de la sequía producida por el fenómeno de El Niño, y el centro del país.

 

Para Jens Mesa Dishington, residente ejecutivo de Fedepalma, el objetivo de los palmeros a futuro debe ser “enfrentar adecuadamente los desafíos, para que las oportunidades de la agroindustria palmera colombiana lleguen a ser una realidad”. Y es que, según él, al sector aun le hace falta incrementar su productividad por la planta, pues el rendimiento promedio en  Colombia es de 16 toneladas de fruto por palma, mientras que en países como Indonesia o Malasia llega 19.

 

También es necesario volver a impulsar la siembra de palma, pues esta se ha estancado en los últimos años. Una de las razones principales es que muchas de las inversiones se hicieron hace una década por la promesa del gobierno de aumentar la mezcla de etanol y biodiesel que se produce con aceite de palma en el ACPM. Pero esa decisión se reservó y dejo en el limbo a muchos agricultores que le habían apostado al sector y que tenían altas expectativas.

 

A eso se suman otras dificultades que el gremio palmicultor ha enfrentado en los últimos años. La principal es la pudrición del cogollo, una plaga que se esparció luego de la ola invernal que azoto al país durante 2011 y afectó a cerca de 100.000 hectáreas, sobre todo zonas como Puerto Wilches (Santander), Cantagallo (Bolivar) y Tumaco (Nariño). En total se calcula que les produjo pérdidas cercanas a 1 billón de pesos a cultivadores grandes, medianos y pequeños en todo el país.

 

Por otro lado, los precios internacionales del aceite de palma cayeron durante 2015 cerca de 20 por ciento debido a la caída del valor de los commodities enel mercado mundial. Solo el aumento del valor del dólar compenso los efectos que hubiera podido ocasionar ese descalabro, que este año se ha recuperado poco a poco.

 

De hecho, en 2015 Colombia exportó 419.800 toneladas de aceite de palma, 53 por ciento más que en 2014. Esta es una cifra record que, sin embargo, sigue siendo insuficiente para el potencial del país. Sobre todo si se tiene en cuenta que para FEDEPALMA, el futuro del sector está en el mercado externo, pues el consumo interno y las ventas locales de aceite de palma han disminuido. Hasta el momento, los países que más aceite reciben son la Unión Europea, México y España.

 

En ese mismo sentido, los palmicultores deben prepararse para enfrentar cada vez más competencia externa, pues este año empezó a regir la decisión de reducir a 0 por ciento el arancel a las importaciones de aceites vegetales. Los empresarios calculan que eso les costará cerca de 220.000 millones de pesos.

 

Por último, las sequias que produjo el fenómeno de El Niño a comienzos de este año y que afectaron a la zona norte y al centro del país se sintieron con fuerza durante el primer trimestre del año en el sector. Algunos agricultores perdieron el 40 por ciento de su producción y a nivel nacional este bajo 4 por ciento con respecto al mismo periodo del año anterior.

 

Los palmeros esperan contrarrestar todos esos desafíos con mayor innovación -actualmente CENIPALMA realiza pruebas experimentales e investigaciones para mejorar las prácticas de los agricultores- y con inversiones para adecuar mejor los suelos, la infraestructura de riego y el drenaje. El camino no es otro que ser más competitivos y aprovechar que la producción aumenta cada año para exportar y ser cada vez más fuertes en el mercado internacional.

 

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